El CEO de YPF, Horacio Marín, anunció el 29 de septiembre que las obras de Argentina LNG comenzarán en febrero, apoyándose en el respaldo del US EXIM Bank por hasta USD 6.000 millones que se formalizó días antes. Marín precisó que restan cerrar tres acuerdos de financiamiento adicionales antes de la Decisión Final de Inversión, prevista para noviembre. El proyecto —que incluye dos unidades flotantes de licuefacción de 6 MTPA cada una y un gasoducto de 48 pulgadas desde Vaca Muerta— está valuado en USD 51.000 millones.
El efecto directo para un comercializador es que Argentina LNG deja de ser un proyecto de largo aliento y empieza a tener hitos con fechas concretas: obras en febrero, FID en noviembre. Eso cambia el horizonte de planificación para todos los actores del upstream y el midstream en Vaca Muerta. Para Grupo Calas, la ventana comercial relevante es la que se abre hoy en la estructuración de contratos de suministro de gas en firme hacia los bloques dedicados del proyecto: a medida que los contratos de offtake se vayan cerrando y la demanda de moléculas comprometidas escale, la competencia por volúmenes con contratos de largo plazo se intensificará. Quien llegue tarde al mostrador de los acuerdos de suministro upstream va a encontrar menor margen de negociación.
Petrobras cerró el 29 de septiembre un acuerdo de 22 años con Cheniere Marketing —subsidiaria de Cheniere Energy— para adquirir 800.000 toneladas anuales de GNL estadounidense. Es el segundo contrato de largo plazo que firma la estatal brasileña en menos de 30 días, consolidando una estrategia deliberada para reducir su exposición al mercado spot, que es más volátil. El acuerdo no modifica el rol de Petrobras como transportadora del primer leilão de gas de la PPSA, previsto para octubre.
Nuestra lectura es que Brasil está enviando una señal clara de que prefiere certeza de suministro a precio sobre la optimización del costo spot —y eso vale para el gas importado de cualquier origen, incluido el argentino. La paradoja que analistas brasileños señalan es evidente: Petrobras importa GNL caro de EE.UU. mientras sigue quemando y reinyectando gas del pre-sal. Pero para un comercializador de gas argentino, el dato operativo es otro: Brasil tiene apetito real y sostenido por contratos de largo plazo, y el gas de Vaca Muerta vía gasoducto compite —en precio y en huella logística— favorablemente contra el GNL transatlántico. Esto refuerza el argumento comercial para avanzar en acuerdos de suministro firme hacia el mercado brasileño antes de que los volúmenes disponibles queden cubiertos por otras fuentes.