Insights · Gas natural
Cuando hablamos de "balance de oferta y demanda de gas natural" nos referimos a algo bastante concreto: cuánto gas produce el país en un momento dado, cuánto puede transportarse desde los yacimientos hasta los centros de consumo, y cuánto necesita ese consumo —residencial, industrial y eléctrico— para funcionar sin restricciones. Cuando esas tres variables no calzan, aparece un desbalance: falta gas en algún punto de la red, o sobra oferta que no encuentra comprador.
Ese balance no es estático. Cambia todos los días según la temporada, el clima, el nivel de actividad industrial y la disponibilidad de infraestructura de transporte, y por eso monitorearlo en tiempo real es distinto a mirar una foto mensual del sector.
El consumo de gas natural en Argentina tiene un patrón estacional muy marcado: sube fuerte en invierno, cuando se suma la calefacción residencial a la demanda industrial y eléctrica de base, y baja en los meses cálidos. Del lado de la oferta, la producción es mucho más estable a lo largo del año —los pozos no dejan de producir por el clima—, lo que significa que la brecha entre oferta y demanda se abre y se cierra principalmente por el lado del consumo. En los picos de invierno, es habitual que la producción local, aun sumando toda la capacidad de transporte disponible, no alcance a cubrir la demanda total, lo que obliga a recurrir a gas natural licuado importado por barco y a gas boliviano.
Durante buena parte de la década de 2010, Argentina fue un importador neto creciente de gas: la producción convencional caía y el país dependía cada vez más de gas natural licuado y de gas boliviano para cubrir su consumo. El desarrollo de Vaca Muerta, la segunda reserva de shale gas más grande del mundo, revirtió esa tendencia de forma sostenida: la producción no convencional creció año tras año hasta convertir al gas en una porción mayoritaria de la matriz energética primaria del país.
Ese cambio trajo un problema distinto: la capacidad de transporte troncal —los gasoductos que llevan el gas desde Neuquén hasta los centros de consumo del centro y del área metropolitana— no siempre creció al mismo ritmo que la producción, generando cuellos de botella puntuales incluso con oferta disponible en boca de pozo. A la vez, la desregulación reciente del mercado permitió que privados negocien directamente los volúmenes excedentes, en lugar de depender exclusivamente de mecanismos de asignación estatal.
Para un productor, una generadora o un gran usuario industrial, saber con anticipación hacia dónde se mueve el balance de oferta y demanda es la diferencia entre negociar un contrato de suministro desde una posición de conocimiento, o reaccionar tarde a un movimiento de precio que ya ocurrió. Es exactamente el problema que aborda nuestra plataforma de Energy Intelligence, agregando datos de CAMMESA, la Secretaría de Energía, TGN, TGS, ENARGAS y ENARSA en un solo tablero, y es la base sobre la que trabaja nuestro equipo de asesoría en comercialización de gas natural.